¿La sociedad de consumo es beneficiosa? Sí, para la economía de unos pocos, pero no para el bolsillo de la mayoría. Pero aun así funciona a la perfección porque el consumo     -y claro está que no me refiero al consumo de cosas necesarias, sino superfluas- produce un efecto rápido de falsa felicidad, la cual dura hasta que te preguntas ¿pero para que puñetas he comprado X  si va a acabar en el cuarto de los trastos?

Salir de la sociedad de consumo es imposible, ya que estamos inmersos en ella. De todos modos, si que podemos decir “NO ME SALE DE LA PEINETA COMPRAR  LO QUE ESTÁIS EMPEÑADOS EN VENDERME …” Sobre todo cuando pretendan vendernos falsas promesas como la de los detergentes que quitan manchas imposibles. ¡Y con solo un lavado! O cremas capaces de quitarte 10 años de encima, porque te aseguran que te borran las arrugas. Vamos a ver, las arrugas no se borran y menos con cremas. Si quieres amortiguar las arrugas tendrás que recurrir al bisturí de un cirujano plástico, al relleno de botox o al ácido hialurónico, pero ojo, que te vuelven a salir como por arte de magia. Pero no te desanimes, que la arruga también es bella, solo que tienes que cuidarlas con más mimo.

Y por último están esos anuncios que recurren al ego del consumidor cuando dicen que el coche, la colonia o lo  que quieran vendernos, sólo la tienen las personas inteligentes, especiales… Una fórmula psicológica que funciona, pero una trampa en la que no debemos caer porque, en resumidas cuentas, hay que vivir según a nuestros gustos y no a los que la sociedad de consumo nos pretende imponer,  si no corremos el riesgo de acabar como la rata de este corto de animación, Happiness (Felicidad), de Steve Cutts

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